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"El principal problema de este tipo de trastornos es que no se puede practicar la abstinencia, porque la tecnología es necesaria" Juan Lamas sabe muy bien lo que es una adicción. Hace ya un par de décadas, él mismo tuvo que desengancharse de su dependencia al bingo y, tras rehabilitarse, puso en marcha la Asociación Gallega de Jugadores de Azar (Agaja) para atender a pacientes que atraviesan el mismo infierno del que él, por fortuna, logró salir. Desde hace tres años se enfrenta, además, a las nefastas consecuencias que las nuevas tecnologías tienen entre algunos menores. 
-¿Están viendo muchos casos de adolescentes enganchados al teléfono móvil e internet?
-Sí, sobre todo de chavales adictos al móvil, aunque más que tratar los casos en sí, lo que nosotros hacemos es atender las consultas que los padres y los responsables de los centros educativos nos formulan sobre este tema.
-¿Cuándo se puede hablar de adicción al móvil?
-Hay una serie de síntomas comunes a todas las adicciones. Y después nos encontramos con un joven que se comunica vía SMS; que se inventa un personaje para establecer relaciones con desconocidos, de forma cibernética; que usa el móvil a todas horas, incluso de madrugada. Y eso, igual que le pasa al que se engancha a internet, le resta horas de sueño, de comida e incluso provoca que las relaciones familiares empeoren día a día.
-¿Cómo se puede salir de esa situación?
-No es nada fácil. En las adicciones que no son provocadas por ninguna sustancia, el principal problema está en que no se puede practicar la abstención, porque los pacientes van a necesitar utilizar el teléfono móvil a lo largo de su vida. De ahí que el tratamiento consista en establecer una serie de filtros que permitan ir controlando poco a poco la adicción.
-¿A qué tipo de filtros se refiere?
-Un primer filtro consistiría en impedir al paciente cualquier contacto con el teléfono móvil durante un determinado periodo de tiempo. Una vez superado ese primer escollo, se pondrían en marcha otras estrategias como, por ejemplo, controlar la frecuencia de las llamadas telefónicas que realiza o permitirle, únicamente, su recepción.
-¿Cuánto suele durar el tratamiento?
-Como ocurre con el resto de las adicciones, lo habitual es que se prolongue entre doce y dieciocho meses.
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